No desperté

Al contrario de otras noches, no desperté alterado.

Tomé el celular, vi que aún era de madrugada, caminé hacia la ventana y me detuve a observar cada luz de la ciudad, no era la primera vez que me encontraba frente a ellas pero esta vez y sin darme cuenta, me di a la tarea de examinar a detalle cada una, preguntándome cuántas veces las había visto y nunca me detuve a pensar si alguien me había observado a mi también.

En ese momento, lo quisiera o no, estaba siendo testigo de la vida de muchas personas. Algún estudiante con más café que ganas de estudiar en su cuerpo, una mamá primeriza que cuida de su bebé, el robo de algún auto y seguramente del insomnio de una infinidad de personas a causa del amor [o desamor].

Ese insomnio de los corazones tristes que durante el día solo se resignan latir y se olvidan de sentir, pero que durante la noche se olvidan de toda responsabilidad con el mundo y lloran, lloran creyendo que son los más desdichados del mundo.

Y me gustaría decirles que probablemente no lo sean, que estoy viendo a mil personas más que están sufriendo por lo mismo, pero quién soy yo para decirles que su sufrimiento es más o menos que el de otros, el amor tiene eso de mágico. Nos hace sentir lo más del mundo; los más felices, los más únicos, los más enamorados y eso es lo que provoca tantas noches de tristeza, porque fuimos los más y ahora somos lo menos.

“Somos lo menos”, que curioso que me incluya, porque al contrario de otras noches, hoy no desperté pensando en él.

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